Camino del éxito


Un cuento organizacional

Cuenta la leyenda que dos hombres cansados de esperar a que el Triunfo regresara de su viaje al desierto de La Apatía, tomaron una lámpara llena de luciérnagas de esperanza e iniciaron su camino a la aldea de la Fama. Alguien les había dicho, que allí se encontraba una mujer prestigiosa que podía decirles el secreto del éxito.

– Saludos, Sra. Fama – le dijeron.

– ¿Qué quieren? – dijo, sin si quiera saludar.

– El sr. Triunfo viajó hace varios meses y nuestra ciudad se está llenando de vacío. ¿Nos puede decir qué hacemos para encontrar el éxito?

– Si se fue, es seguramente por culpa de ustedes. Son perezosos y problemáticos.

Don Triunfo me insinuó que se cansó de decirles qué hacer y que ustedes no hacían más que preguntar. Lo que pueden hacer cuando él regrese, es seguir sus instrucciones tal cual, sin cuestionar. Don Triunfo es un hombre exitoso y si las cosas han funcionado como las ha hecho siempre, ¿para qué cambiar? ¡Mejor me voy! Mis admiradores me esperan. Los dos hombres quedaron pensativos, se miraron en silencio y como si hubieran hablado entre miradas, decidieron seguir caminando a la aldea del Logro. Alguien más les había dicho, que allí encontraban un hombre ingenioso que siempre conseguía lo que se proponía y él podía decirles el secreto del éxito.

– Saludos, Sr. Logro – le dijeron.

– Saludos, ¿Qué necesitan? – dijo afanado pues estaba a punto de obtener un nuevo resultado.

– El sr. Triunfo viajó hace varios meses y nuestra ciudad se está llenando de vacío. ¿Nos puede decir qué hacemos para encontrar el éxito?

– Si se fue, es seguramente para buscar algo que le hacía falta y que pensó que ustedes lo retrasarían si lo acompañaban. Aunque ustedes son talentosos, todavía les falta mucho por aprender. Cuando él regrese, le preguntan qué aprendió para que lo repliquen luego, y se ponen a la orden para que inicie el nuevo trabajo que requiere su ciudad. Don Triunfo es un hombre experimentado, y seguro harán un mejor equipo cuando él regrese renovado. Ahora, me voy. Tengo trabajo por hacer.

Los dos hombres hablaron entre ellos, reflexionaron acerca de las palabras de la señora Fama y del señor Logro, pero sentían que había algo más que faltaba.

Recordaron que alguien les había dicho que no olvidaran ir a la aldea de La Satisfacción, pues allí encontraban una mujer mayor, maestra experimentada de vida, que siempre conseguía lo que aceptaba y que ella podía decirles el secreto del éxito. Decidieron visitar también esta aldea.

– Saludos, Doña Satisfacción – le dijeron.

– Saludos, Sr. Acción y Sr. Perseverancia – dijo amablemente, con una gran sonrisa. – Los estaba esperando. – ¿Cómo sabe de nosotros? – Don Triunfo me dijo que cuando estuvieran listos, ustedes vendrían a visitarme. ¡Así que aquí estoy! Cuéntenme, ¿en qué puedo ayudarlos?

– El sr. Triunfo viajó hace varios meses y nuestra ciudad se está llenando de vacío. ¿Nos puede decir qué hacemos para encontrar el éxito? – ¿Qué han hecho hasta ahora? – dijo doña Satisfacción. – Buscamos la fama, pero está demasiado ocupada con su brillo. Y luego insistimos con el logro, pero está de afán cumpliendo apresurado lo que había prometido. Y lo que nos dijeron, realmente no tiene sentido para nosotros. Sentimos que algo falta. Doña Satisfacción se quedó en silencio, mirándolos con paciencia, luego dijo:

– Razón tenía Triunfo cuando me dijo que vendrían a buscarme cuando estuvieran listos. Pues bien, les diré: El entendimiento, la aceptación y el disfrute de lo que somos, es el paso inicial para lograr el éxito. Primero debo estar satisfecho conmigo mismo para poder comprender y avanzar junto con el otro, y entender que sólo con el otro llegaré más lejos en el sendero. Por ejemplo Sr. Acción, usted sin Perseverancia no llegaría lejos. Y usted Sr. Perseverancia, con solo el anhelo de cumplir un sueño, no podría materializarlo. Sin embargo, al apoyarse mutuamente logran cualquier idea que se propongan. Y al hacerlo repetidamente, con satisfacción y aceptación, la fama indudablemente llegará a sus vidas, trayendo consigo al mismo Triunfo, que no es más que el Éxito gozoso de su esplendor.

De esta manera, los dos viajeros concluyeron su camino entendiendo que el éxito es el resultado de la satisfacción, la acción, la perseverancia, el logro y la fama.

Y regresaron a su pueblo, donde contaron con entusiasmo a sus habitantes todo lo aprendido.

Fue entonces que el Triunfo apareció sonriente tras el ocaso, trayendo consigo un botín repleto de semillas de prosperidad, que sembró con amor y humildad en cada uno de sus corazones.

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