De la conquista de la luna a la conquista del ego


“Quizás la verdadera conquista del ser humano... es la de su propio ego.” Viviana M M

En las organizaciones, especialmente en las que nos desempeñamos hoy, sucede una guerra oculta entre egos.

Finalmente, las diferencias entre las áreas no se dan en sí por las operaciones o las funciones, incluso en ocasiones ni siquiera se trata de carencia de estrategia, se trata simplemente de las personas que las lideramos y de la conquista del ego no resuelto en cada uno de nosotros.

Como humanos, hemos podido alcanzar logros significativos en los últimos años, conquistas en el campo de la salud, conquistas de la ingeniería, incluso en el universo y en el visitar y encontrar otros mundos y universos, sin embargo, aún nos falta gran camino por recorrer para el encuentro con nuestra aceptación y para la conquista de nuestros miedos, de esos miedos y limitaciones que surgen desde que somos pequeños, o que nos creamos en la etapa de crecimiento y en la adultez, ese ego que se incrementa ávidamente y que ejerce una ciega influencia sobre nosotros, al momento de adquirir cualquier viso de poder en las organizaciones donde nos encontremos.

Pensamos incluso que se trata de problemas entre personalidades y caracteres, de falta de un objetivo común o de una estrategia alineada, cuando realmente aparecen nuestros instintos y el cerebro reptiliano, como líderes indiscutibles de nuestro actuar y expresar.

El cerebro triúnico o triuno, propuesto por Paul MacLean, lo divide en tres: reptiliano, límbico y neocórtex. El sistema límbico es el origen de las emociones, el neocórtex es responsable del pensamiento racional, y el reptiliano controla el comportamiento y el pensamiento instintivo que nos ayuda a sobrevivir, es reactivo a estímulos directos.

Mientras permitamos que el ego sea guiado por el cerebro reptiliano, es decir, que la parte central de nuestra consciencia, las que nos da el sentido de nosotros mismos, sea orientada como respuesta instintiva de supervivencia, seguiremos encontrando confrontaciones sin sentido en las salas de reuniones.

Afortunada, o desafortunadamente, solamente está en nuestras manos tomar responsabilidad de cómo ese dejar dirigir a nuestro cerebro, será el encargado de hacer que las relaciones sean constructivas o destructivas en los entornos donde nos hallemos, y que nos permitirán avanzar en los logros y las metas que las organizaciones se propongan y que nosotros como personas nos propongamos, tanto a nivel personal y profesional, como familiar y social, porque ese mismo cerebro y esa misma interacción es la que sucede en las relaciones con la familia y con los amigos y, que finalmente, hacen que nos quedemos solos o que hagamos parte de un equipo o comunidad, que tengamos interacción y crecimiento, impacto, y más que nada, un legado positivo y provechoso a nuestro alrededor.

¿Desde dónde me guío hoy?

Talvez ya sea hora de tomar las riendas de nuestras vidas y tomar las decisiones con un poco más de sobriedad emocional.

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